David Chacón Cisterna

Diseño Web, Docencia y más

La era de la Superinteligencia en palabras de OpenAI

El avance de la Inteligencia Artificial en los últimos años, ha pasado de ser mero desarrollo de software a convertirse en una fuerza tectónica que promete reescribir las reglas de la economía global, o al menos así es como lo ve uno de sus más entusiastas impulsores, el CEO de OpenAI, Sam Altman. El pasado 6 de abril de 2026, la empresa tecnológica publicó un documento que no habla de redes neuronales ni de parámetros técnicos, sino de algo mucho más profundo y ambicioso; un manifiesto titulado: “Política Industrial para la Era de la Inteligencia: Ideas para mantener a las personas en primer lugar”.

En 13 páginas, se reconoce desde el mismo corazón de Silicon Valley, que el mercado por sí solo no podrá gestionar la transición hacia la “superinteligencia” (sistemas capaces de superar a los humanos más brillantes, incluso cuando estos son asistidos por IA).

Como es habitual en este espacio, mi lectura de este tipo de manifiestos está cubierta de un optimismo cauteloso, ya que a la vez que creo firmemente en el poder de la tecnología para dar saltos cualitativos en el desarrollo humano, observo con especial atención las brechas estructurales de territorios como el nuestro, donde la irrupción de las tecnologías se vive de manera mucho más brutal y donde el impacto del desplazamiento y rezago laboral puede costarnos mucho más caro.

Los dos pilares del manifiesto.

El documento de OpenAI plantea que, así como la Revolución Industrial requirió el “New Deal” y nuevas leyes laborales, la era de la IA requiere una política industrial ambiciosa. Sus propuestas se dividen en dos grandes ejes:

1. Construir una Economía Abierta

OpenAI advierte que la IA destruirá y creará empleos, pero que las ganancias podrían concentrarse en pocas manos (incluyendo las de ellos mismos). Para evitarlo proponen:

  • El Derecho a la IA: Tratar el acceso a modelos fundacionales como una infraestructura básica, similar a la electricidad o el internet.
  • Modernización de la Base Tributaria: Mover la carga impositiva desde el trabajo humano (impuestos a la renta/planillas) hacia el capital y las ganancias impulsadas por la IA.
  • Fondo de Riqueza Pública: Crear fondos donde los ciudadanos compartan directamente los dividendos del crecimiento económico generado por la IA, independientemente de si invierten en la bolsa o no.
  • Dividendos de Eficiencia: Traducir el ahorro de tiempo generado por la IA en semanas laborales más cortas (4 días) manteniendo los salarios, y en mejores beneficios (salud, cuidado).
  • Economía del Cuidado: Reentrenar a los trabajadores desplazados hacia roles “centrados en el ser humano” (cuidado de ancianos, niños, salud comunitaria), subsidiando y mejorando los sueldos de estas áreas.

2. Construir una Sociedad Resiliente

  • A medida que la IA se vuelve más poderosa, los riesgos (cibernéticos, biológicos, desalineación) crecen exponencialmente.
  • Pila de Confianza (Trust Stack): Herramientas para verificar qué es IA y qué es humano (proveniencia) protegiendo la privacidad.
  • Regímenes de Auditoría y Contención: Creación de instituciones públicas y privadas que auditen los modelos antes de salir al mercado, y “manuales de contención” por si un sistema se vuelve peligroso.
  • Gobernanza Corporativa: Que las empresas de IA adopten estructuras orientadas al beneficio público y mecanismos de reporte de incidentes (incluso de “casi accidentes”).

¿Es aplicable este tipo de políticas en Chile?

Leer este documento desde la realidad local nos obliga a hacer un doble clic. Lo que en Estados Unidos suena a una modernización del Estado de Bienestar, en Chile choca con desafíos estructurales. Analicemos un par de puntos clave en comparativa.

1. Productividad y el “Dividendo de Eficiencia”

OpenAI sugiere que la IA permitirá trabajar 32 horas a la semana produciendo lo mismo o más. La realidad chilena nos muestra un panorama distinto. Según datos de la OCDE, Chile es uno de los países donde más horas se trabaja (cerca de 1.900 horas anuales), pero nuestra productividad laboral está estancada y se ubica muy por debajo del promedio de la organización. Tal vez aquí la apuesta de dar un salto en las Pymes con el uso de agentes de IA como estándar de la industria, nos permitan automatizar algunas de las tareas contables, de marketing o de logística, generando nuevos índices de productividad. Lo anterior contrasta tristemente con nuestros índices de informalidad laboral, cercanos al 27%. Un “dividendo de eficiencia” es invisible para el trabajador informal por cuenta propia. La política pública chilena deberá pensar entonces en cómo la IA formaliza y asiste a este sector, más allá del empleo formal.

2. Fondos de Riqueza Pública y la Matriz Tributaria

El documento sugiere gravar menos el trabajo y más al capital tecnológico, creando un Fondo de Riqueza Pública que pague dividendos a los ciudadanos. En Chile, la recaudación tributaria como porcentaje del PIB ronda el 21%, por debajo del promedio OCDE (34%). Nuestro debate tributario lleva años empantanado, con intentos infructuosos en la puesta en marcha de reformas tributarias, que sin apoyo de las cámaras, quedan reducidas a una sombra del proyecto inicial. Sin embargo, tenemos experiencia con fondos soberanos (como el Fondo de Estabilización Económica y Social, nutrido por el cobre y el litio). Así las cosas, ¿podría Chile estructurar su política de Data Centers y concesiones de energía renovable exigiendo no solo royalties tradicionales, sino una participación accionaria (o fondos ciudadanos) que se inyecten a un Fondo de Riqueza Soberano 2.0?

A diferencia de EE.UU., Chile no es dueño de la propiedad intelectual de la IA. Somos consumidores, usuarios, clientes. Por ende, no podemos gravar tan fácilmente las superganancias de las tecnológicas internacionales, a menos que actuemos en bloques multilaterales (como los impuestos digitales globales de la OCDE).

3. El Cuello de Botella Energético

OpenAI pide acelerar la expansión de la red eléctrica mediante alianzas público-privadas, ya que la IA demanda cantidades monumentales de energía. Aquí Chile tiene una ventaja comparativa global. Tenemos el desierto con mayor radiación solar del mundo y vientos excepcionales en el sur. Esto contrasta con nuestra infraestructura de transmisión. Se necesitan muchos años para aprobar proyectos debido a las tan necesarias regulaciones ambientales y una absolutamente evitable burocracia. Si queremos ser el punto verde de los Data Centers de IA que procesarán los datos del futuro, el Estado chileno deberá modernizar radicalmente su sistema de evaluación de impacto y construcción de líneas de alta tensión, asegurando que este consumo industrial no encarezca las cuentas de luz de las familias, como suele ocurrir.

4. La economía de cuidados como refugio.

En el manifiesto, se plantea absorber el desempleo tecnológico redirigiendo a las personas hacia la economía del cuidado, con énfasis en las infancias, la tercera edad y la salud mental. De acuerdo con las proyecciones, hacia 2050 un tercio de la población chilena será adulta mayor. Cuando comparto estos datos en clases con mapas demográficos dinámicos, mis estudiantes se sorprenden demasiado, dejando de manifiesto que el sistema de cuidados reviste una urgente revisión y priorización, ya que estos trabajos son actualmente los peor remunerados, altamente feminizados e invisibilizados, contribuyendo a brechas de injusticia laboral e insolvencias económicas y sociales. Si el Estado no interviene subsidiando y profesionalizando este sector, la transición será dolorosa (y también mi vejez).

Un nuevo pacto social de la mano de la IA

La industria de la IA está mostrando un nivel de madurez un poco mayor a la demostrada en sus inicios, conversando bajo un entendimiento de que la tecnología sin red de seguridad social termina en distopía social.

Como observador rezagado – en mi calidad de chileno, usuario y entusiasta de la IA y la tecnología en general-, mi apreciación se resume como la de un optimista y cauteloso. Optimista respecto a que herramientas como la IA en la salud pública pueden reducir listas de espera, predecir brotes de enfermedades y dar a nuestros científicos las herramientas para combatir el estrés hídrico de nuestra agricultura. La democratización de la inteligencia como un derecho social puede nivelar la cancha educativa como ninguna otra tecnología en la historia.

Sin embargo, soy cauteloso porque puesto en metáfora, digamos que la tecnología avanza en un ascensor, mientras la política y la regulación en Chile suben por la escalera. Rezagados en el sur del mundo, corremos el riesgo de ser meros adoptadores de las normas y usos pensados y decididos por el Norte Global.

Construir en Chile una institucionalidad capaz de absorber la IA, mediante un Estado ágil, que deje de debatir con categorías del siglo pasado y empiece a legislar para el siglo XXI: educación continua financiada por el Estado, digitalización profunda de las Pymes, un rediseño de nuestros fondos soberanos anclados en nuestra energía limpia, y una revalorización radical de los trabajos que nos hacen esencialmente humanos, avanzando en un real sistema social de cuidados.

La era de la inteligencia ya comenzó y depende de nosotros tener la audacia política de usarla para cerrar nuestras históricas heridas de desigualdad, o si dejaremos que estas se digitalicen, profundizándolas todavía más. Las urgencias de la nueva administración, de momento, corren en paralelo, con un enemigo invisible y poco demostrable, mientras la real emergencia corre frente a nosotros sin que nadie tome aviso de la oportunidad desperdiciada que significa cada día que enfrentamos sin políticas claras de digitalización y transformación digital en la industria y el Estado. Mientras tanto, los árboles no nos dejan ver el bosque.

Puedes leer el manifiesto en su idioma original aquí

Más allá de la teoría: Los desafíos tangibles de la Ley REP en el Sur de Chile

La Ley 20.920, más conocida como Ley REP (Ley de Responsabilidad Extendida del Productor), no es solo otra normativa ambiental. Es, sin duda, el cambio de paradigma más radical en la gestión de residuos que ha visto Chile. Traslada el foco desde el final de la cadena (el vertedero municipal) hacia el inicio: el diseño mismo del producto. Bajo el principio de “el que contamina paga”, obliga a los productores e importadores a organizar y financiar la recuperación de los residuos de lo que ponen en el mercado.

Sin embargo, la aplicación de un marco legal nacional en un país de geografías y realidades productivas tan diversas como Chile no es una tarea simple. Mientras en Santiago se discuten metas y porcentajes, en el sur del país, específicamente en provincias como Osorno, la ley se enfrenta a un escenario que pone a prueba su flexibilidad y pragmatismo. Este no es un artículo sobre la teoría de la ley; es un análisis de su encuentro con la realidad de la provincia productora de Chile.

El sur no es Santiago: Geografía, gradualidad y la prueba del mundo real

El legislador fue inteligente al incorporar el principio de gradualidad. La REP no se aplica de golpe. Se implementa por productos prioritarios (envases y embalajes, neumáticos, pilas, etc.) y sus metas se definen considerando variables críticas. Para el sur, la más importante es la que permite al decreto supremo respectivo considerar “aspectos demográficos, geográficos y de conectividad”.

Esta no es una cláusula menor. Es el reconocimiento de que la logística para recolectar un envase de leche en una planta de Puyehue no tiene el mismo costo ni complejidad que hacerlo en una tienda de Providencia. La economía circular, aquí, choca con la física de las distancias.

La provincia de Osorno, corazón de una potencia lechera, ganadera y forestal, genera un perfil de residuos único y masivo:

  • Sector Lácteo y Cárnico: Toneladas de envases plásticos, tetrapak, y embalajes de cartón de alto rendimiento.
  • Agroindustria y Forestal: Neumáticos de maquinaria pesada (tractores, cosechadoras), envases de lubricantes y aceites, y baterías.
  • Consumo Residencial y Comercial: Aparatos eléctricos y electrónicos, pilas, y aceites lubricantes domiciliarios.

La pregunta crucial es: ¿La flexibilidad de la ley será suficiente para cubrir la brecha que esta geografía impone?

Brechas Críticas: Donde la Ley REP se juega el partido en terreno local

La implementación en Osorno no tropieza con la voluntad, sino con obstáculos estructurales que requieren soluciones creativas.

1. La Logística de la Última Milla (y las primeras 100):
El concepto de “punto limpio” se desdibuja en la ruralidad. La recolección en predios dispersos, con caminos no siempre pavimentados y largas distancias, es el mayor desafío operativo y económico. Los Sistemas de Gestión Colectiva (como los que tal vez mayoritariamente formarán las grandes empresas) deberán diseñar modelos híbridos: puntos de acopio en las cabeceras de ciudades como Osorno o Puerto Octay, combinados con rutas de recolección programadas en zonas rurales y, potencialmente, estaciones de transferencia que compacten residuos para reducir costos de transporte. La colaboración con municipalidades, prevista en la ley, es aquí una necesidad de supervivencia, no una opción.

2. El Déficit de Infraestructura de Valorización:
Recolectar es solo el primer paso. El objetivo final es reciclar, reutilizar o valorizar. Y aquí surge otra brecha: la escasez de gestores de residuos autorizados por el Sistema de Certificación de Gestores de Residuos (ScGR) en la macrozona sur. Si no hay plantas de reciclaje de plásticos o de valorización de neumáticos cerca, los residuos recolectados deberán viajar cientos de kilómetros hasta la RM o Biobío, encareciendo el proceso y contradiciendo parcialmente el principio de eficiencia ambiental. Esto representa una oportunidad de inversión gigantesca para emprendedores locales en el negocio de la economía circular.

3. La Formalización de los Recicladores de Base: Un actor clave subestimado
En Osorno, como en todo Chile, los recicladores de base son la columna vertebral informal del reciclaje. La Ley REP no los ignora; exige su inclusión y formalización. El desafío es doble:

  • Para los recicladores: Deberán certificarse, formalizarse y organizarse en cooperativas o empresas para poder ser contratados por los Sistemas de Gestión.
  • Para la industria: Deberán integrar este eslabón humano, valorando su expertiz y no viéndolo solo como un costo.

Este proceso requiere capacitación, inversión y, sobre todo, voluntad de colaboración. Un sistema que los deje fuera estará incompleto y será socialmente regresivo.

De la Obligación a la Oportunidad: Blueprint para una Provincia Circular

Más que una carga, la Ley REP es la llave para modernizar el sector productivo del sur de Chile. Los que vean más allá del cumplimiento encontrarán una hoja de ruta para la innovación.

  • Ecodiseño como Ventaja Competitiva: La industria láctea osornina puede liderar el rediseño de sus envases. ¿Usar menos material? ¿Embalajes reutilizables para el transporte entre plantas? ¿Materiales fácilmente reciclables? Esto reduce costos de gestión futuros y mejora la imagen de marca ante un consumidor cada vez más consciente.
  • Bioeconomía y Valorización Local: Los residuos orgánicos del sector agropecuario son un pasivo hoy, pero son la materia prima para compostaje o incluso para la generación de biogás. La Ley REP, combinada con otras políticas energéticas, puede financiar pilotos de economía circular hiperlocal, donde los residuos de una granja se convierten en energía para la misma.
  • Alianzas Público-Privadas-Académicas: La Universidad de Los Lagos (ULA) y centros de formación técnica se convierten en actores cruciales. Pueden ser el brazo técnico para la certificación de recicladores, laboratorios de innovación en ecodiseño y semilleros de los nuevos profesionales que esta economía circular demandará.
  • El Fondo para el Reciclaje: Un instrumento clave. Las municipalidades de la zona deben presentar proyectos robustos para postular a estos recursos y financiar centros de acopio, campañas de educación y programas de integración de recicladores, diseñados a la medida de la realidad local.

Conclusión: Tejiendo la Red Circular en el Sur

La Ley REP en Osorno no se medirá por el porcentaje de un decreto supremo, sino por su capacidad para adaptarse y potenciar la identidad productiva del territorio. El éxito dependerá de una gobernanza colaborativa donde el sector privado asuma su liderazgo, los municipios faciliten la infraestructura y la logística, la academia aporte el conocimiento y la innovación, y los recicladores de base sean incorporados con dignidad.

El sur de Chile tiene la oportunidad de demostrar que la economía circular no es un concepto abstracto de oficina, sino un modelo tangible que se construye desde el territorio, con pragmatismo, colaboración y una mirada puesta en un futuro donde productividad y sustentabilidad sean, finalmente, dos caras de la misma moneda.


Referencias

  • Ley N° 20.920 (2016). Establece marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor y fomento al reciclaje. Diario Oficial de la República de Chile, 1 de junio de 2016.

Nombre Social en la Administración Pública Chilena: Un Enfoque en el Respeto y la Dignidad

En los últimos años, Chile ha dado pasos significativos hacia la garantía de derechos y la inclusión de todas las personas, especialmente en el ámbito de la identidad y expresión de género. En ese contexto, un concepto clave que ha emergido con fuerza en la administración pública es el del nombre social, un derecho fundamental para muchas personas trans y de género diverso, que les permite ser reconocidas y nombradas de acuerdo con su identidad autopercibida.

El Marco Legal y la Evolución del Concepto

La piedra angular de esta transformación es la Ley N° 21.120 de Identidad de Género, promulgada en 2018. Si bien esta ley principal se enfoca en el reconocimiento legal de la identidad de género y la rectificación de partida de nacimiento, la norma establece igualmente principios fundamentales como la no patologización, la no discriminación, la confidencialidad y la dignidad en el trato. Estos principios son la base para el uso del nombre social en diversas instancias de la vida pública.

Más allá de la Ley de Identidad de Género, otras normativas y protocolos han ido complementando este marco, asegurando que el respeto a la identidad de género se extienda a la interacción diaria con el Estado:

  • Ley N° 20.609, conocida como Ley Antidiscriminación o “Ley Zamudio”, que ahora incluye la identidad y expresión de género como categorías protegidas.
  • Circular N° 812 del Ministerio de Educación (2021): Permite el uso del nombre social en contextos educativos, incluso para estudiantes menores de edad en ciertos casos.
  • Circular N° 21 del Ministerio de Salud: Mandata el uso del nombre social y la identidad de género autopercibida en los registros clínicos y la atención de salud.
  • Directrices del Servicio Civil: Han posibilitado la postulación a empleos públicos y prácticas profesionales utilizando el nombre social.

Estos avances demuestran una clara voluntad del Estado chileno de transitar hacia una administración pública más inclusiva y respetuosa de la diversidad, aunque de manera general. Cabe entonces preguntarse cómo se aterrizan estas políticas desde lo jurídico a lo práctico en la administración estatal.

¿Qué Implica el Nombre Social en la Práctica Administrativa?

Para las instituciones públicas, la implementación del nombre social va más allá de un cambio de registro en una base de datos para el tratamiento de la información. Las políticas de inclusión implican un cambio cultural profundo, en que el trato digno y el reconocimiento de la identidad se vuelven prioritarios, a la vez que se entregan nuevos horizontes en la atención a la ciudadanía, en cuanto a dignidad y derechos se refiere.

En muchas reparticiones públicas se han implementado protocolos de atención que establecen directrices claras (usaré, para este caso, algunos ejemplos tomados de protocolos MINSAL y MINVU):

  • Preguntar siempre la forma de identificación deseada: Al interactuar con una persona, se debe preguntar cómo prefiere ser llamada (por su nombre registral o social). Si la persona indica un nombre social, este debe ser utilizado en todas las interacciones, comunicaciones y registros internos (como sistemas de gestión de clientes o notas de atención), incluso si no coincide con su cédula de identidad.
  • Uso del nombre registral en documentos formales: Si bien el nombre social prima en el trato, para documentos de valor legal o con efectos jurídicos (como postulaciones a subsidios, contratos o resoluciones), el nombre registral sigue siendo requerido hasta que exista una rectificación legal de identidad. Sin embargo, se trabaja en la adaptación de sistemas para integrar la identidad de género y el nombre social de manera más fluida. Seguramente este será un asunto por definir, que llevará a discusiones de largo aliento sobre los límites de la inclusión y la importancia de resguardar las formas en los actos jurídicos públicos y privados.
  • Capacitación constante del personal: Es crucial que los funcionarios y funcionarias públicas, especialmente aquellos en primera línea de atención, reciban formación sobre identidad de género, uso del nombre social, lenguaje inclusivo y manejo de situaciones sensibles, con el fin de erradicar prejuicios y asegurar un trato respetuoso.
  • Mecanismos de denuncia y mejora continua: Las instituciones deben contar con canales para recibir quejas o sugerencias en caso de vulneración del derecho al nombre social, y sus protocolos deben ser evaluados y ajustados periódicamente.

El Caso de “Darwin” y la Preferencia de Nombre en la Oficina

Ahora, pensemos en una situación cotidiana (e hipotética, por cierto), en una institución pública, por ejemplo, en la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA). Imaginemos que tenemos a un colega, Darwin Alejandro, quien prefiere ser llamado solo Alejandro, omitiendo su primer nombre.

¿Se aplicaría directamente la normativa de “nombre social” en este caso? La respuesta es que, si bien la Ley N° 21.120 y los protocolos de nombre social están diseñados explícitamente para el reconocimiento de la identidad y expresión de género (es decir, para personas trans o no binarias que utilizan un nombre que refleja su identidad de género, distinta a la asignada al nacer), el principio de respeto y dignidad en el trato que subyace a estas políticas es universal.

En el caso de Darwin Alejandro, su solicitud no está ligada a un tema de identidad de género disidente, sino a una preferencia personal por el uso de su segundo nombre. Aunque no se enmarca en la definición estricta de “nombre social” bajo la Ley de Identidad de Género, la cortesía profesional y el fomento de un ambiente laboral respetuoso dictan que se debe honrar la preferencia de una persona sobre cómo desea ser llamada. En cualquier entorno laboral, es una práctica estándar y un signo de respeto básico utilizar el nombre o la forma de tratamiento que un colega o usuario prefiere.

Por lo tanto, si bien no se invocaría la Ley 21.120 para este caso particular, la cultura de respeto y dignificación que esta ley y sus protocolos promueven es fundamental para el día a día de las reparticiones públicas. Es esta cultura la que, en última instancia, nos lleva a reconocer y respetar las preferencias de cada individuo, creando ambientes más inclusivos para todos, más allá de la normativa específica.

Referencias

Academia Judicial. (s.f.). Ley 21.120. Ley de Identidad de Género. Recuperado de https://intranet.academiajudicial.cl/Imagenes/Temp/Texto%20-%20Ley%2021.120.pdf

Ministerio de Educación. (2021). Circular N° 812, sobre Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes Trans y de Género Diverso en el Ámbito Educacional. Subsecretaría de Educación.

Ministerio de Salud. (s.f.). Circular N° 21, sobre el Trato a Personas Transgénero y el Uso de su Nombre Social en la Atención de Salud.

Ministerio de Vivienda y Urbanismo. (s.f.). Protocolo de atención para personas que se acogen a la Ley N° 21.120 de Identidad de Género y a la Ley N° 20.609 que establece medidas contra la discriminación – Minvu. Recuperado de https://www.minvu.gob.cl/wp-content/uploads/2021/08/Protocolo-atencio%CC%81n-ley-21.120-y-20.609_18.08.21.pdf

Servicio Civil. (2022, 16 de junio). Personas trans pueden postular a empleos públicos y prácticas utilizando su nombre social. Recuperado de https://www.serviciocivil.gob.cl/noticias/personas-trans-pueden-postular-a-empleos-publicos-y-practicas-utilizando-su-nombre-social/

$LIBRA y el fiasco de Milei: Lecciones sobre criptomonedas

Han pasado casi veinte años desde que Satoshi Nakamoto divulgó por vez primera una teoría sobre cómo transar una moneda virtual de manera descentralizada. Desde entonces, el mundo de las criptomonedas ha sido testigo de muchas historias, algunas de innovación financiera y otras que parecen sacadas de un guion de comedia financiera. Y en esa categoría entra el curioso caso de $LIBRA, una memecoin cuyo auge y caída nos dejan lecciones importantes sobre inversión, especulación y qué pasa cuando un presidente como Javier Milei se convierte en influencer cripto sin quererlo.

Para entender mejor cómo funciona esto, hagamos una comparación entre el peso chileno (CLP) y una criptomoneda. El CLP es emitido por el Banco Central de Chile y tiene respaldo en la política monetaria del país. Su valor fluctúa, pero dentro de parámetros controlados. En cambio, una criptomoneda como Bitcoin no tiene un ente regulador y su precio depende exclusivamente de la oferta y la demanda en los mercados globales. Esto puede ser una ventaja en términos de descentralización, pero también significa que su precio puede ser muy volátil.

El tweet (X) de Milei

Javier Milei es, además de presidente de Argentina, un economista libertario, ferviente defensor del mercado libre y las criptomonedas. Su estilo desadaptado-rebelde-impulsivo, lo ha llevado a desafiar estructuras tradicionales, y en el camino, a veces ha generado revuelo en los mercados financieros con solo un comentario en redes sociales. Cuando Milei mencionó $LIBRA en su cuenta de X, sugiriendo que esta moneda digital podría impulsar la economía argentina, llevó a miles de personas a invertir en ella. Sin embargo, poco después, el valor de $LIBRA se desplomó, resultando en pérdidas significativas para más de 40,000 inversores. Y claro, como muchos tomaron la mención en X como un aval presidencial, se lanzaron a comprar la criptomoneda, sin detenerse a analizar si realmente tenía valor o si era sólo otra memecoin nacida del entusiasmo de internet.

Las memecoins, para quienes no están familiarizados con el término, son criptomonedas que surgen más por el humor y la viralidad que por fundamentos financieros sólidos, en términos del cripto, no tienen activos subyacentes y tienen una alta concentración en pocas billeteras. Dogecoin ($DOGE) fue una de las primeras, creada como una broma basada en un meme de un perro Shiba Inu, y terminó convirtiéndose en una de las criptos más populares del mundo. La diferencia entre estas monedas y otras como Bitcoin es que las memecoins dependen enteramente de la comunidad y el hype: si el interés desaparece, su valor se desploma.

Y así ocurrió con $LIBRA. Tras la mención de Milei, el valor de la moneda se disparó en cuestión de horas, atrayendo a miles de inversores emocionados por la posibilidad de “subirse a la ola” antes de que se hicieran ricos. Pero como en toda burbuja especulativa, lo que sube demasiado rápido, también puede caer en picada. Y vaya que cayó. A los pocos días, $LIBRA perdió gran parte de su valor y dejó a miles de personas con las manos vacías. ¿Cómo sucedió esto?

Auge y Desplome de $LIBRA

El caso de $LIBRA sigue el patrón típico de las memecoins:

  1. Hype inicial: La criptomoneda recibió un gran impulso cuando Javier Milei la mencionó públicamente. Dado su perfil como presidente y su discurso pro-cripto, esto generó un fuerte aumento en la demanda. Inversores, tanto novatos como experimentados, compraron $LIBRA esperando grandes ganancias.
  2. Especulación extrema: Al no tener un caso de uso real ni respaldo sólido, el precio de $LIBRA se disparó principalmente por la especulación. El crecimiento rápido atrajo más compradores (FOMO – miedo a quedarse afuera).
  3. Venta masiva y desplome: Como sucede con muchas memecoins, cuando algunos inversores iniciales comenzaron a vender para asegurar ganancias, el precio cayó en picada. Esto generó pánico en otros tenedores, que también vendieron, provocando una espiral descendente.
  4. Investigaciones y desconfianza: Tras la caída, surgieron cuestionamientos sobre la transparencia del proyecto y su promoción, lo que aumentó el escepticismo y aceleró el colapso.

La moraleja es clara: no toda criptomoneda mencionada por una figura pública es una inversión segura, por más carismática que sea.

Ahora bien, ¿cómo saber en qué criptomonedas confiar y en cuáles no? La clave está en la investigación y en no dejarse llevar por promesas de riqueza fácil. Si una moneda no tiene un caso de uso claro o se basa solo en la especulación, lo más probable es que sea altamente volátil y riesgosa. En contraste, al día de hoy, monedas como Bitcoin y Ethereum tienen estructuras más establecidas y casos de uso definidos en el ecosistema digital. ¿Conllevan riesgo? Por supuesto que sí, pero menores al de una memecoin.

El caso de $LIBRA es un recordatorio de que, aunque el mundo cripto ofrece oportunidades interesantes, también está lleno de riesgos. Si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. Y si una criptomoneda depende más de su viralidad que de tecnología o utilidad real, quizá sea mejor pensarlo dos veces antes de invertir. A menos, claro, que te sobre dinero y te guste la adrenalina. En ese caso, ¡bienvenido al casino del internet!

Navidad: La Refracción de la Luz.

Desde hace miles de años, la cultura hegemónica de nuestro hemisferio norte ha tejido tradiciones alrededor del solsticio de invierno, el momento en que la noche más larga da paso al regreso paulatino de la luz y la eterna lucha entre la oscuridad y la luz, la muerte y el renacimiento, la esperanza frente a la incertidumbre. Sin embargo, aquí en Chile, y en todo el hemisferio sur, vivimos estas festividades en pleno verano, bajo días largos, cielos despejados y un calor que no parece reconciliarse con las imágenes invernales de renos y nieve. La Calurosa Navidad, como nos enseña 31 Minutos.

Y claro, no hay más explicación a nuestro afán de decorar árboles, agregar luces, guirnaldas y elementos invernales a nuestro verano. Es el hemisferio norte el que ha marcado el ritmo cultural que heredamos, muchas veces sin adaptarlo a nuestra realidad. Este artículo es una invitación a explorar cómo estas celebraciones, que tienen sus raíces en los mitos de la luz, se entrelazan con nuestro propio paisaje estacional y cultural y el por qué, más allá de complicarnos con celebrar o no, debemos dar paso a entender las manifestaciones humanas de creencia, cultura y movimientos estelares.

El Solsticio de Invierno: Origen de los Mitos de Luz

En el hemisferio norte, diciembre es un mes de oscuridad. Los días son cortos, las noches interminables, y el frío obliga a buscar refugio y a comer y beber de manera especial, contundente y abrumadora. Este contexto dio origen a festividades profundamente espirituales, con la reafirmación creyente de que a pesar de la aparente muerte de la naturaleza, la vida renacerá.

Los sumerios, por ejemplo, honraban a Dumuzi, dios de la vegetación, decorando árboles sagrados como símbolos de resistencia ante el invierno. En las planicies de Sumer, los ciclos de vida y muerte no eran un simple vaivén agrícola; eran el corazón mismo de su cosmovisión. Dumuzi, dios de la vegetación, descendía al inframundo, pero su retorno siempre prometía fertilidad y abundancia. En su honor, los sumerios adornaban árboles sagrados, símbolos de vida persistente, incluso en el frío más cruel. Dumuzi no era solo un mito, era la certeza de que la muerte era un preludio a la vida.

En las costas del Mediterráneo, los fenicios encendían luminarias y veneraban a Baal y Melkart como custodios del ciclo solar. El fuego y los árboles decorados conectaban al hombre con el cosmos, con un ritual que reconocía la luz como un regalo sagrado en medio de las tinieblas. En estas prácticas ya está presente el germen de lo que hoy interpretamos como los adornos navideños.

Los egipcios celebraban el nacimiento de Horus, hijo de Osiris e Isis, marcando el triunfo del sol sobre la oscuridad. El nacimiento de Horus, el halcón solar, que renacía tras la muerte de Osiris. Este ciclo, inmortalizado en las aguas del Nilo y los cielos del desierto, es la base de las decoraciones solares y palmas que han permeado hasta la tradición cristiana. Horus es la encarnación de que el sol siempre vuelve, aunque los días parezcan interminablemente oscuros.

En Babilonia, Tammuz era el hilo conductor de las coronas vegetales y los fuegos ceremoniales que simbolizaban el retorno de la fertilidad. Los babilonios sabían que la oscuridad del invierno no era más que el preludio de un renacer inevitable. Quizás en esas mismas coronas y hogueras están las raíces de nuestras velas navideñas, pequeñas flamas que nos recuerdan que la vida siempre halla una forma de regresar.

En Roma, la festividad del Sol Invictus tiene sus raíces en el sincretismo religioso del mundo romano y su adoración al sol. Fue el emperador Aureliano quien estableció oficialmente el culto en Roma en el año 274 d.C. El imperator lo proclamó como el principal dios protector del Imperio, y fundó un templo monumental dedicado al Sol Invictus en el Campo de Marte. El culto ganó popularidad porque simbolizaba la victoria, la luz, y el poder eterno, conceptos que resonaban con la ideología imperial romana, altamente expansiva e invasiva. Además, al ser inclusivo y adaptable, atrajo a personas de diferentes creencias, especialmente soldados y comerciantes, uniendo diversas tradiciones bajo un solo emblema.

Las festividades del Sol Invictus incluían procesiones nocturnas con antorchas y hogueras, simbolizando la luz triunfante sobre la oscuridad, además de sacrificios de animales y libaciones en los templos dedicados al dios solar. En las ciudades, se organizaban juegos, carreras de carros y espectáculos públicos para exaltar la grandeza del Imperio, mientras los ciudadanos celebraban con banquetes comunitarios e intercambiaban regalos, como monedas con la imagen del sol, como símbolo de buena fortuna.

Y en el Hemisferio Sur, ¿qué celebramos?

En Chile, y en todo el hemisferio sur, diciembre no tiene nada que ver con la oscuridad ni el frío. Aquí, el sol comienza a demostrar su esplendor, las noches son breves y la luz lo embarga todo, desde muy temprano y hasta muy tarde, por la noche. Sin embargo, celebramos la Navidad con los mismos símbolos que evocan paisajes nevados y chimeneas crepitantes. ¿Por qué no celebramos en diciembre algo que resuene más con nuestro verano? La respuesta está en cómo nuestra historia cultural se ha visto moldeada por el cristianismo y su calendario litúrgico, que adoptó y resignificó los mitos paganos del norte, consolidando la Navidad como una festividad global. Durante la colonización española, las festividades religiosas europeas, profundamente influenciadas por los mitos del hemisferio norte, se impusieron sin considerar la realidad climática y cultural de nuestras tierras. Así, heredamos la tradición de árboles de Navidad cargados de luces, sin importar que acá los pinos estén secos por el calor, y cantamos villancicos sobre “Blanca Navidad” mientras buscamos sombra bajo un árbol o parrón.

Nuestra Navidad es una síntesis cultural: de las Saturnales romanas y el Sol Invictus provienen la fecha del 25 de diciembre, los banquetes, las reuniones familiares y el intercambio de regalos, mientras que del Yule germánico y las festividades celtas se heredan símbolos como el árbol perenne y las luces, que celebran la victoria de la luz sobre la oscuridad. A esto se suman influencias más antiguas, como los mitos de dioses solares renacidos en el solsticio de invierno (Horus, Mitra), la figura de la madre divina y el niño salvador (Isis y Osiris), y el simbolismo del Árbol de la Vida, que conecta la eternidad con la renovación. También están presentes el mito universal del héroe que renace y los rituales babilónicos de fertilidad y abundancia. Por si fuera poco, a todo eso le sumamos tradiciones medievales como los villancicos y las modernas, como el cine y música propias de la estación, omitiendo, por supuesto a la figura del viejo pascuero, Noel, Nicolás, etc., cuyo análisis de sentido y origen bien pueden valer líneas aparte.

La luz que regresa.

Los mitos navideños comparten una constante: la luz y la esperanza siempre regresan. Desde las luminarias fenicias a nuestras guirnaldas smart LED, la humanidad busca simbolizar que el sol -y con él la vida- siempre vuelve.

Al hablar de luz y esperanza, es imposible no pensar en Belén. Conocida en árabe como Bayt Laḥm  y Beit Leḥem en hebreo, (tr. Casa del Pan, una figura ideológica de Cristo en la tradición cristiana), esta ciudad no sólo es el escenario del nacimiento de Jesús según la tradición cristiana, sino también un territorio cargado de tensiones y heridas. Belén, situada en Palestina, bajo actual invasión israelí, refleja un conflicto que parece interminable. ¿Qué significa entonces la Navidad en un lugar donde la paz parece tan lejana? ¿Cómo se celebra la luz en una tierra que ha conocido tanta oscuridad? La respuesta está en la esperanza, ese hilo frágil pero resistente que une a la humanidad a pesar de toda la barbarie que nos rodea.

¡Felices fiestas!

¡Feliz conciencia!

El Fin de Babel

En la mitología del Tanaj, la Torre de Babel representa el momento en que la humanidad, unida por un solo lenguaje, se atrevió a desafiar a Dios construyendo una torre que llegara hasta el cielo. En respuesta, יהוה (YHWH), confundió sus lenguas, separándolos por la incomprensión mutua y creando una barrera invisible y poderosa: el idioma. La historia que representó nuestra percepción del lenguaje como un muro divisorio e infranqueable, a la vez de ser un recordatorio de los límites de nuestra ambición de trascender lo humano, se enfrentan a una nueva era, gracias a la IA.

Meta AI: El Fin de la Incomunicación?

Meta, en su anuncio del 25 de septiembre de 2024, trazó una nueva frontera que podría significar el fin de Babel. La compañía está probando una herramienta de traducción por IA que promete romper las barreras del idioma a través de la automatización del doblaje y la sincronización de labios en los Reels. Con esta tecnología, los videos creados en América Latina y Estados Unidos podrán ser comprendidos tanto en inglés como en español, independientemente del idioma en el que fueron originalmente grabados. La IA de Meta simulará la voz del creador en otro idioma, logrando una sincronización casi perfecta, permitiendo que los contenidos se disfruten sin la barrera lingüística que hasta ahora nos limitaba.

El potencial de esta tecnología es asombroso: podría ser el principio del fin de la incomunicación que ha fragmentado a las comunidades globales. Ya no habrá necesidad de subtítulos o traducciones toscas; la IA promete un nivel de acceso directo y emocional que hasta ahora era exclusivo para aquellos que compartían un mismo idioma. Con ello, se vislumbra un futuro donde las ideas y expresiones puedan fluir sin barreras, donde, por ejemplo, un creador chileno pueda impactar con la misma fuerza a una audiencia en Nueva York o en Madrid, sin que el lenguaje sea un obstáculo.

Los Riesgos de la Hegemonía Lingüística

Sin embargo, en esta nueva frontera también se esconden riesgos importantes. Si la IA traduce automáticamente cada contenido a los idiomas más populares, ¿qué lugar queda para los dialectos o las lenguas minoritarias que también necesitan ser escuchadas? Podríamos estar ante un futuro donde sólo los idiomas mayoritarios sobrevivan al alcance global, mientras aquellos que representan culturas locales y comunidades pequeñas se desvanecen poco a poco en la irrelevancia. Paradójicamente, esta tecnología que nos acerca también podría separarnos, al eliminar la necesidad de aprender el idioma del otro. La IA se convierte en nuestro traductor permanente, y con ello podríamos perder la conexión humana que viene del esfuerzo por entendernos más allá de las palabras.

A esto se suma la hegemonía lingüística de los grandes idiomas de negocios, como el inglés y el chino. Con una tecnología que privilegia estas lenguas, los hablantes de idiomas menos extendidos podrían encontrar cada vez menos incentivos para mantener viva su lengua materna. En lugar de un mundo donde nos encontramos a medio camino, podría darse la paradoja de un mundo donde todo está traducido para nosotros, pero donde nadie se toma el esfuerzo de aprender el idioma del otro, aumentando distancias culturales, con sus “costos” histórico-políticos asociados.

El vaso medio lleno…

Y sin embargo, a pesar de estos desafíos, hay razones para ser optimistas. La tecnología también nos ofrece la oportunidad de preservar y compartir esas lenguas minoritarias de maneras nunca antes imaginadas, dando voz a comunidades que históricamente han sido silenciadas. Podemos encontrar un equilibrio donde las herramientas de IA sean usadas no sólo para la conveniencia, sino también para el enriquecimiento cultural, respetando y celebrando la diversidad lingüística.

Quizá, al final, esta nueva expresión de la humanidad no desafíe a ningún dios, sino que más bien sea una reafirmación de nuestra naturaleza creativa, una capacidad innata de adaptarnos, de innovar y de trascender barreras. Esta vez, sin castigos ni confusión, tal vez podamos reconstruir Babel, no como una torre que llegue al cielo, sino como un puente que nos conecte a todos, sin importar el idioma que hablemos. ¿O acaso nos esperan nuevos desafíos, nuevas represalias por parte de nuestros propios límites? Solo el tiempo lo dirá. Por mi parte, reitero que estamos hechos para cosas grandes.

Nexus: Entre la conexión infinita y la preservación de la cordura

Recientemente lanzado al mercado global, el nuevo libro del autor y divulgador de historia, nuevamente ha dado de qué hablar. Como lector, he decidido dejar plasmadas algunas impresiones a partir de mis highlights de mi cuenta Goodreads.

El libro Nexus de Yuval Noah Harari, plantea una reflexión profunda sobre el nexo que la tecnología ha tejido entre nuestras actividades humanas en el siglo XXI. Harari parte de la premisa de que la información -esa materia prima invisible pero poderosa- ha pasado a convertirse en el recurso central de nuestra civilización. Sin embargo, detrás de esa “red inorgánica” que ahora conecta a la humanidad con algoritmos y máquinas, subyace una trama de preguntas cruciales sobre nuestras decisiones, valores y por supuesto, el futuro.

La historia de la IA contada por Yuval Noah Harari

En la primera parte del libro, Harari describe cómo la humanidad ha construido redes de información, desde relatos hasta documentos, y cómo, paradójicamente, estos nos han hecho más vulnerables al error y a la manipulación. La “fantasía de la infalibilidad” es una advertencia clara. Hoy en día, la confianza ciega en la tecnología nos expone a fallos que pueden tener consecuencias catastróficas.

Un aspecto particularmente relevante para los tiempos actuales es cómo Harari aborda la transición desde las redes humanas hacia las inorgánicas. Aquí, hace una distinción elemental entre un antes y el ahora; mientras que las imprentas, teléfonos y correos electrónicos simplemente facilitaban el flujo de información, los algoritmos y redes actuales no solo canalizan datos, sino que deciden y actúan en nuestro lugar. El concepto de incansabilidad en la red actual es escalofriante: las máquinas no descansan, no requieren pausas, y con esto, la humanidad empieza a verse presionada a mantenerse al ritmo incesante de estas nuevas entidades.

A esto se suma el factor de falibilidad de los sistemas. Aquí Harari plantea una verdad incómoda: los algoritmos y redes no solo pueden equivocarse, sino que lo hacen de manera sistemática y sin que la mayoría de los usuarios lo perciban. Es aquí donde el discurso mediático sobre la IA choca con la realidad que expone el libro. A menudo se promueve un entusiasmo desmedido por los avances en inteligencia artificial, pero Harari nos invita a mirar más allá del deslumbramiento inicial y a sopesar con cuidadosa cautela el poder que estos sistemas tienen sobre nuestras vidas.

Uno de los puntos más inquietantes del libro es cuando plantea la pregunta: ¿Podemos mantener todavía una conversación? El creciente poder de las máquinas pone en duda nuestra capacidad de tomar decisiones democráticas, y aquí Harari introduce una advertencia sobre los riesgos de caer en un “totalitarismo digital”. Los algoritmos, bajo el disfraz de eficiencia y neutralidad, podrían, si no vigilamos de cerca, reemplazar el juicio humano en áreas tan esenciales para la vida humana en sociedad como son la política y la gobernanza.

A lo largo del texto, Harari esboza una visión sombría de un “Telón de Silicio” (en analogía a la antigua “Cortina de Hierro”) que podría dividir al mundo, no por ideologías políticas, sino por acceso a la tecnología y al conocimiento. Esta nueva frontera entre quienes controlan los algoritmos y quienes dependen de ellos se convierte en un nuevo tipo de desigualdad global. El lector, como yo, se ve forzado a preguntarse si estamos listos para enfrentar estas divisiones o si seguiremos adelante sin cuestionar.

Un equilibrio necesario entre conexión y cordura.

Algunos de los detalles que me han sorprendido gratamente tienen que ver con cómo Harari logra equilibrar la reflexión crítica con una narrativa que no es enteramente pesimista. Al igual que Cher Ami, la paloma mensajera que aparece en la portada (cuya historia cuenta que salvó vidas al entregar un mensaje en medio de la segunda guerra mundial), la tecnología tiene el potencial de ser un puente facilitador de soluciones en tiempos de crisis. Sin embargo, ese potencial no está exento de riesgos, y es nuestra responsabilidad cuestionar y reflexionar sobre hacia dónde dirigimos nuestro avance tecnológico.

Desde lo personal, un punto que merece especial atención es el papel de los datos en la caja oscura de la inteligencia artificial. La hegemonía de los datos de origen, mayormente en inglés y provenientes del hemisferio norte, ha dejado de lado la riqueza cultural y local de otras regiones del mundo, como Latinoamérica. En particular, países como Chile, históricamente aislados, han quedado excluidos de estas narrativas globales. La inteligencia artificial que se entrena con datos que no reflejan nuestra diversidad está construyendo una visión incompleta y sesgada de la humanidad. Esto no solo perpetúa la invisibilización de nuestras culturas, sino que también limita el alcance de las soluciones que estas tecnologías pueden ofrecer a problemáticas locales.

¿Soluciones o nuevos problemas?

Es aquí donde surge una cuestión crítica: ¿a quién pertenecen los datos y quién decide cómo se usan? Este desequilibrio de poder es particularmente evidente cuando se consideran los problemas medioambientales relacionados con la inteligencia artificial. Los recursos que se consumen para entrenar estos modelos, desde electricidad hasta agua, están alcanzando niveles preocupantes. Empresas tecnológicas como Google y Microsoft ya consumen más electricidad que 100 países combinados, lo que deja una huella ecológica considerable. Además, el agua que se utiliza para refrigerar los centros de datos ha registrado aumentos alarmantes, mientras que las corporaciones parecen ocultar esta información al público, aunque indirectamente, lo publican en sus informes.

Así, la IA, mientras promete resolver problemas globales, parece estar creando otros de igual o mayor magnitud. Siendo éste un momento en que atestiguamos el auge de la IA, resulta necesario preguntarse a qué costo estamos dispuestos a avanzar. Y es en esta reflexión donde Nexus brilla con luz propia, al recordar que todo avance tecnológico viene con una responsabilidad implícita. No podemos celebrar los logros sin evaluar también las sombras que proyectan.

En lo personal, Nexus ha sido de una lectura fácil y reveladora. Harari, con su estructura acostumbrada y un continuismo transversal a sus obras que sorprende, nos recuerda que la tecnología, aunque fascinante y poderosa, debe ser abordada con mesura. Los medios de comunicación y la sociedad a menudo muestran un entusiasmo desenfrenado por el progreso tecnológico, pero debemos mantener un equilibrio en pos de la preservación de la cordura. Como apasionado de la tecnología, me alegra enormemente cada uno de los avances tecnológicos, a la vez que creo esencial poner en la balanza cada nuevo paso que damos para asegurar que nuestras decisiones sean justas, imparciales y sostenibles.

Cómo proteger nuestras ideas de innovación

Hace unos días, un amigo me compartió una experiencia que vivió en su trabajo. Su historia, aunque particular, refleja una realidad que muchos profesionales enfrentan en diversas industrias: la necesidad de proteger nuestras ideas y desarrollos, especialmente cuando estos aportan un valor significativo a nuestras organizaciones.

Mi amigo, un profesional dedicado y creativo con muchos años de experiencia, recibió un desafío importante: se le pidió desarrollar un sistema para la trazabilidad de materiales, una tarea crítica para asegurar la calidad y eficiencia en las operaciones de su empresa. La primera propuesta de la empresa fue que realizara este trabajo en Excel, lo que él consideró inadecuado debido a la magnitud y complejidad de las transacciones involucradas.

Decidido a buscar una solución más robusta, propuso desarrollar una aplicación utilizando Power Apps de Microsoft, una herramienta licenciada por la empresa. A pesar de presentar una maqueta funcional y pedir recursos para su desarrollo, la empresa no aprobó su solicitud. Sin embargo, motivado por demostrar su capacidad, desarrolló una versión rústica de la aplicación por su cuenta. Esta solución no solo superó una auditoría, sino que también permitió gestionar datos de manera eficiente y responder rápidamente a los desafíos que se presentaban.

A medida que el éxito de su aplicación se hizo evidente, con la implementación y adecuación de la misma por parte de otras unidades operativas, la empresa finalmente decidió invertir en su desarrollo, y la aplicación fue escalada y mejorada. Sin embargo, al reflexionar sobre todo el proceso, surgió una pregunta: ¿debería haber protegido su desarrollo desde un inicio?

¿Qué dice la ley?

Este caso nos invita a reflexionar sobre la protección de nuestras ideas y desarrollos en el ámbito laboral. En un sentido amplio, la propiedad intelectual se refiere a toda creación de la mente humana, incluyendo inventos, modelos de utilidad, marcas, obras literarias y artísticas, entre otros (INAPI)

En Chile, el organismo responsable del registro de derechos de Propiedad Industrial, conforme a la Ley 19.039 y su Reglamento, es el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI), que anteriormente operaba como el Departamento de Propiedad Industrial. Por otro lado, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (SERPAT), creado en 2018 tras la conformación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, es la entidad encargada de registrar los derechos de autor y derechos conexos. Esto incluye los derechos de los autores sobre sus obras, los derechos de los artistas intérpretes o ejecutantes sobre sus interpretaciones o ejecuciones, los derechos de los productores de fonogramas sobre sus grabaciones, y los derechos de los organismos de radiodifusión sobre sus programas de radio y televisión, tal como lo establece la Ley N° 17.336 sobre Propiedad Intelectual y su Reglamento.

Una mirada técnica al caso

Desde una perspectiva técnica, el enfoque que adoptó mi amigo al utilizar Power Apps, una herramienta licenciada por la empresa, fue acertado. El uso de software licenciado asegura que cualquier desarrollo se realice dentro del marco legal y con los recursos que la empresa ha dispuesto. Sin embargo, hay consideraciones adicionales que podrían haber fortalecido su posición desde un inicio.

Aunque el software base es propiedad de Microsoft, la técnica específica y el flujo de trabajo que mi amigo desarrolló podrían haber sido registrados como una creación propia. Este tipo de registro, que podría incluir diagramas de flujo, documentación técnica y el código fuente personalizado, le habría otorgado una protección adicional. INAPI permite registrar creaciones que, aunque basadas en herramientas existentes, incluyen elementos innovadores y específicos, siempre y cuando se demuestre el uso de software debidamente licenciado.

Además, formalizar un acuerdo con la empresa respecto a la propiedad intelectual de la solución desarrollada es fundamental. Esto es especialmente relevante cuando se utilizan recursos de la empresa, pero el desarrollo es llevado a cabo de manera autónoma. Un acuerdo de este tipo podría haber estipulado que, aunque la herramienta base es propiedad de la empresa, la técnica desarrollada y cualquier mejora futura serían reconocidas como suyas, facilitando su protección y asegurando los beneficios que este desarrollo intelectual podría generar.

¿Cómo abordamos la necesidad de proteger nuestras ideas?

A partir de esta experiencia, sugiero los siguientes pasos para proteger cualquier innovación de nuestra autoría:

  1. Documenta tu Idea: Desde el momento en que comienzas a trabajar en un proyecto, documenta cada paso. Esto incluye bocetos, códigos fuente, versiones preliminares y cualquier correspondencia relacionada.
  2. Registro de Derechos de Autor: Aunque en Chile el derecho de autor es automático, registrar tu creación en INAPI te proporciona una prueba oficial de autoría, lo que puede ser crucial en caso de disputas.
  3. Acuerdos de Confidencialidad: Si estás trabajando en un desarrollo innovador, considera firmar un acuerdo de confidencialidad con tu empleador. Esto garantiza que ambos estén alineados en la protección y uso del desarrollo o creación.
  4. Consulta Legal: Si tienes dudas sobre la protección de tu software o cómo proceder, consulta a un abogado especializado en propiedad intelectual. Desde lo digital, la ONG Derechos Digitales es un recurso valioso para consultas sobre el desarrollo de “políticas públicas que protejan tanto a autores como al resto de la ciudadanía, que garanticen el acceso, limiten los monopolios de explotación cultural y fomenten un dominio público fuerte y saludable”.
  5. Uso de Software Licenciado: Asegúrate de utilizar herramientas y plataformas que respeten las licencias de software. Esto no solo protege tu desarrollo, sino que también asegura que no infrinjas los derechos de terceros.

Cambiando la cultura organizacional empresarial

El caso de mi amigo, más allá de la necesidad de proteger nuestras ideas y desarrollos, nos recuerda la necesidad de un cambio en la cultura organizacional. Las gerencias deben reconocer y valorar el talento de sus equipos, promoviendo un ambiente donde la innovación sea apreciada y respaldada.

Las empresas deben establecer políticas claras que incentiven la innovación, proporcionando los recursos necesarios y reconociendo el trabajo de sus empleados. Educar a los empleados sobre la importancia de la propiedad intelectual y ofrecer apoyo para proteger sus desarrollos es esencial. Además, es importante establecer mecanismos de reconocimiento y remuneración para aquellos empleados que contribuyen con desarrollos significativos. Esto no solo motiva al equipo, sino que también asegura que las ideas innovadoras permanezcan dentro de la organización.

No dejemos que el desánimo generado por gerencias miopes opaque nuestras oportunidades de mejora. Y claro, no es lo mismo formar parte de una organización que reconoce y celebra los logros personales de sus colaboradores como un logro empresarial; todo suma para lograr un salario emocional acorde a las expectativas del trabajador. Protejamos nuestras ideas, fomentemos el cambio y sigamos construyendo un futuro donde el talento y la creatividad sean siempre reconocidos.

La Evolución del Buyer Journey: De la Linealidad al Loop Infinito

El marketing digital ha experimentado una transformación radical en la última década, especialmente con la llegada de la Generación Z al mercado. Esta generación, nacida entre mediados de la década de 1990 y principios de los 2010, está reescribiendo las reglas del juego. Su comportamiento de consumo no solo ha desafiado el funnel de marketing tradicional, sino que ha instaurado un nuevo paradigma en el buyer journey: un recorrido no lineal caracterizado por la comunidad, inspiración, exploración y lealtad.

El Funnel Tradicional: Un Relicario del Pasado

El funnel de marketing tradicional ha sido el estándar durante décadas, con sus cuatro etapas claramente definidas: conciencia, interés, deseo y acción. Este enfoque lineal suponía que los consumidores pasaban por estas etapas de manera secuencial hasta tomar la decisión de compra. Sin embargo, en un mundo digitalizado y saturado de información, este modelo se ha quedado obsoleto.

La Generación Z y su Influencia en el Nuevo Buyer Journey

La investigación de Archrival x Vogue Business, revela cómo la Generación Z ha roto con este modelo. Para ellos, el viaje del consumidor no es un camino recto, sino un loop continuo influenciado por su entorno digital, especialmente las redes sociales. Estas plataformas no solo sirven como mercados, sino también como centros de entretenimiento, sociales, educativos y de noticias. Los Gen Zs se mueven entre estas plataformas de manera fluida, buscando y compartiendo contenido que resuena con ellos.

Los Cuatro Principios del Nuevo Buyer Journey

1. Comunidad

La comunidad es el núcleo del buyer journey de la Generación Z. Estos jóvenes valoran la autenticidad y la conexión, buscando marcas que no solo vendan productos, sino que también compartan sus valores y sean parte de su comunidad. La interacción con otros consumidores y la retroalimentación de la comunidad son esenciales en su proceso de toma de decisiones.

2. Inspiración

La inspiración es un motor constante en el nuevo buyer journey. Un 77% de la Generación Z busca inspiración de estilos de manera periódica, mensual. Las marcas que triunfan son aquellas que continuamente proporcionan contenido inspirador que los mantiene interesados y motivados.

3. Exploración

El proceso de exploración es crítico. El 80% de la Generación Z se siente expuesto a más marcas y publicidad que las generaciones anteriores, lo que significa que tienen más opciones y están más informados. Esta generación realiza una investigación exhaustiva antes de tomar una decisión de compra, buscando reseñas, comparando precios y evaluando alternativas.

4. Lealtad

La lealtad en la Generación Z no se gana fácilmente, pero una vez que se logra, es poderosa. Un 73% prefiere comprar en la tienda, aunque esa compra está extensamente conducida a partir de una investigación en línea. Además, el 40% busca reseñas de influencers online antes de comprar, lo que subraya la importancia de construir relaciones genuinas y duraderas.

Adaptando las Estrategias de Marketing

Para ganar a la Generación Z, las marcas deben adaptarse a este nuevo buyer journey. Esto significa estar presentes donde ellos están, participando activamente en su loop infinito de inspiración, exploración, comunidad y lealtad. Aquí hay algunas estrategias clave:

1. Contenido Auténtico y Relevante

Crear contenido que resuene con los valores y el estilo de vida de la Generación Z es crucial. Las marcas deben ser auténticas y transparentes, evitando los enfoques tradicionales de publicidad invasiva.

2. Colaboraciones con Influencers

Las reseñas de influencers tienen un impacto significativo en las decisiones de compra de la Generación Z. Colaborar con influencers que sean genuinos y creíbles puede aumentar la confianza y la lealtad hacia la marca.

3. Experiencias de Compra Híbridas

Aunque la Generación Z investiga en línea, aún valora la experiencia de compra física. Las marcas deben integrar sus canales online y offline para proporcionar una experiencia de compra fluida y coherente.

4. Compromiso Comunitario

Las marcas deben esforzarse por construir y mantener una comunidad sólida en torno a sus productos y valores. Esto incluye interactuar con los consumidores en redes sociales, responder a sus comentarios y fomentar un sentido de pertenencia.

¿Qué hacemos ahora?

El marketing digital ha evolucionado, y las marcas deben adaptarse a este nuevo entorno para mantenerse relevantes. La Generación Z ha redefinido el buyer journey, convirtiéndolo en un loop continuo en lugar de un funnel lineal. Las marcas que entienden y valoran la comunidad, la inspiración, la exploración y la lealtad serán las que triunfen en este nuevo paisaje digital. La clave es mantenerse conectados y ser auténticos, creando contenido que no solo atraiga a los consumidores, sino que también los inspire y los haga sentir parte de una comunidad. En este nuevo mundo del marketing, la flexibilidad y la adaptabilidad de tu marca y cómo ésta se relacione con tus clientes, son esenciales para el éxito.

El zeitgeist en la evolución de las ideas sobre humanidad y compasión.

La historia de la humanidad está llena de innovaciones que, en su momento, se consideraron avances significativos en términos humanitarios y de compasión. Estas innovaciones, vistas desde la “moral de la época”, reflejan el zeitgeist, (palabra alemana para representar el espíritu geist, del tiempo zeit) y muestran cómo nuestra concepción de la moralidad y la ética evoluciona con el tiempo. Un ejemplo claro de esto es la guillotina. Inventada durante la Revolución Francesa, la guillotina fue promovida como un medio de ejecución más humano y compasivo. Antes de su invención, los métodos de ejecución eran a menudo brutales y prolongados, causando un gran sufrimiento al condenado. La guillotina, en contraste, ofrecía una muerte rápida e indolora, lo que se consideraba un acto de misericordia en comparación con las prácticas anteriores. Esta invención reflejaba una creciente sensibilidad hacia el sufrimiento humano y una búsqueda de métodos más humanitarios, aunque dentro del contexto de la pena capital.

Siguiendo con el tema de las ejecuciones, otro ejemplo es la inyección letal. Introducida en los Estados Unidos en 1982, este método fue desarrollado como una alternativa más humana a la silla eléctrica, el pelotón de fusilamiento y la horca. La inyección letal, al igual que la guillotina, fue concebida como una forma de minimizar el dolor y el sufrimiento del condenado. Sin embargo, su implementación ha sido objeto de controversia debido a fallos en su aplicación y debates sobre la ética de la pena de muerte.

En el ámbito de la medicina, el tratamiento de los pacientes con enfermedades mentales también ha visto cambios significativos. En el siglo XIX, los manicomios eran lugares de confinamiento más que de tratamiento. Los pacientes eran a menudo sometidos a condiciones inhumanas y técnicas crueles. Igualmente, muchas personas que no se adaptaban al “molde social” de la época, eran condenados a convivir con pacientes con verdaderas patologías y trastornos, generando una tortura permanente, con condiciones vitales totalmente trastocadas e indignas. Así, la introducción de la terapia electroconvulsiva (TEC) en la década de 1930 se consideró en su momento un avance compasivo. Aunque controversial y a veces mal utilizada, la TEC ofrecía una alternativa a las lobotomías y otros tratamientos extremos, buscando aliviar el sufrimiento de los pacientes. Con el tiempo, la psiquiatría ha evolucionado hacia tratamientos más holísticos y menos invasivos, como la terapia cognitivo-conductual y los medicamentos antipsicóticos, que reflejan una comprensión más profunda y compasiva de las enfermedades mentales.

Otro ejemplo significativo es la evolución del cuidado paliativo y los hospicios. Antes del siglo XX, las personas morían a menudo en sus hogares, sin acceso a cuidados especializados que pudieran aliviar su sufrimiento en los últimos días de vida. Con el establecimiento de los primeros hospicios modernos en la década de 1960, liderados por figuras como Cicely Saunders en el Reino Unido, se desarrolló un enfoque integral que no solo trata el dolor físico, sino también el emocional y espiritual de los pacientes terminales. Este movimiento hacia el cuidado paliativo refleja una profunda preocupación por la dignidad y la calidad de vida al final de la vida, un concepto que hubiera sido casi impensable en épocas anteriores.

En el ámbito judicial, la evolución de las penas y el sistema penitenciario también refleja un cambio en la percepción de la humanidad y la compasión. En el pasado, las cárceles eran lugares de castigo severo, con condiciones deplorables y un enfoque punitivo. Hoy en día, en muchos países, las prisiones se han transformado en instituciones que buscan la rehabilitación y reintegración de los reclusos en la sociedad. Programas educativos y de capacitación profesional son comunes, reflejando una visión más humanitaria y constructiva de la justicia.

A lo largo de la historia, la esclavitud es un oscuro recordatorio de cómo la percepción de la moral y la humanidad ha cambiado drásticamente. En la antigüedad y hasta el siglo XIX, la esclavitud era una práctica comúnmente aceptada en muchas sociedades. La abolición de la esclavitud, liderada por movimientos abolicionistas en el siglo XIX, marcó un cambio monumental en la percepción de la dignidad humana. Figuras como Frederick Douglass y Harriet Tubman se destacaron por sus esfuerzos en este cambio social. Este movimiento abolicionista reflejaba una creciente sensibilidad hacia la injusticia y la crueldad de la esclavitud, y marcó el inicio de una era en la que los derechos humanos comenzaron a ser vistos como universales e inalienables.

Eutanasia y el horizonte de un nuevo zeitgeist

Un tema contemporáneo que ilustra la evolución de la moral y la humanidad es la eutanasia y el suicidio asistido. Estos temas son altamente controvertidos y reflejan tensiones profundas entre diferentes concepciones de la dignidad y el valor de la vida humana. La eutanasia, entendida como la práctica de poner fin a la vida de un paciente para aliviar su sufrimiento, ha sido legalizada en algunos países bajo estrictas condiciones. Países como los Países Bajos y Bélgica tienen leyes que permiten la eutanasia y el suicidio asistido. Los defensores de la eutanasia argumentan que, en casos de enfermedades terminales y sufrimiento insoportable, permitir a las personas elegir una muerte digna es un acto de compasión y respeto por su autonomía. Sin embargo, los detractores de la eutanasia advierten sobre los peligros de relativizar el valor de la vida humana. Temen que la aceptación de la eutanasia pueda llevar a un nihilismo en el que la vida se vea como algo desechable bajo ciertas circunstancias. La ética de la eutanasia plantea preguntas profundas sobre el papel de la medicina, el derecho a la autodeterminación y la definición misma de una vida digna. Es un debate que refleja el zeitgeist contemporáneo y nuestras preocupaciones actuales sobre el sufrimiento y la dignidad.

Al considerar estos ejemplos a lo largo de la historia, podemos ver un patrón: lo que una vez fue considerado piadoso y compasivo puede ser visto, con el tiempo, como insuficiente o incluso cruel. La evolución de nuestras ideas sobre la humanidad y la compasión es constante. La guillotina, por ejemplo, se consideró un avance humanitario en su época, pero hoy se la ve como un símbolo de violencia estatal. La evolución del sistema penitenciario, de los manicomios y de los hospicios muestra cómo nuestras instituciones cambian en respuesta a nuevas sensibilidades y entendimientos. Este patrón se debe en parte al zeitgeist, el espíritu de la época, que moldea nuestras percepciones y valores. Cada era tiene sus propias preocupaciones y prioridades, que se reflejan en sus prácticas y en sus innovaciones.

Hoy se valora altamente la autonomía individual y la dignidad humana, lo que se refleja en debates sobre la eutanasia y el suicidio asistido. Estas discusiones muestran una tensión entre nuestra preocupación por el sufrimiento individual y nuestra apreciación del valor intrínseco de la vida. La evolución de nuestras ideas sobre la humanidad y la compasión también está influenciada por avances en el conocimiento científico y médico. A medida que entendemos mejor el dolor, el sufrimiento y las enfermedades mentales, desarrollamos métodos más sofisticados y compasivos para tratarlos. Al mismo tiempo, nuestras instituciones legales y sociales reflejan estas nuevas comprensiones. Las leyes sobre la pena de muerte, el cuidado de los enfermos terminales y la rehabilitación de los reclusos evolucionan en respuesta a cambios en nuestra percepción de lo que es justo y humano. Sin embargo, este proceso no está exento de controversias y conflictos. Cada cambio en nuestras prácticas y en nuestras leyes es el resultado de intensos debates y luchas sociales.

El zeitgeist del futuro.

Las innovaciones que hoy consideramos compasivas fueron, en su momento, objeto de resistencia y debate. Esta resistencia al cambio puede ser vista como una parte necesaria del proceso de evolución social. Los debates y conflictos nos obligan a confrontar nuestras ideas y valores, y a refinar nuestras concepciones de lo que significa ser humano y compasivo. A medida que avanzamos en el siglo XXI, enfrentamos nuevos desafíos que requerirán nuevas formas de pensar sobre la moral y la compasión. La inteligencia artificial, la biotecnología y otros avances tecnológicos presentan dilemas éticos que aún estamos comenzando a explorar. Estos desafíos futuros nos obligarán a reconsiderar nuestras prácticas actuales y a desarrollar nuevas formas de abordar el sufrimiento y la dignidad humana. El zeitgeist del futuro será diferente al de hoy, pero seguirá reflejando nuestra continua búsqueda de humanidad y compasión.

En última instancia, la historia de la humanidad es una historia de cambio y evolución. Cada generación enfrenta sus propios desafíos y desarrolla sus propias soluciones, basándose en una combinación de conocimientos heredados y nuevas ideas. La clave para entender esta evolución es reconocer que nuestras ideas sobre la moral y la humanidad no son fijas, sino que están en constante cambio. Cada generación redefine lo que significa ser compasivo y humano, basándose en sus propias experiencias y conocimientos. A medida que navegamos estos debates y desafíos, es crucial recordar que nuestras ideas sobre la humanidad y la compasión están enraizadas en un deseo profundo de aliviar el sufrimiento y promover la dignidad humana. Este deseo es lo que ha impulsado nuestras innovaciones a lo largo de la historia.

Claro está que lograr conciliar las ideas de antaño con las de hoy requiere un reconocimiento de nuestra capacidad para el cambio y la adaptación, lo que no es nada fácil, ya que aprendemos por reiteración de nuestras costumbres y nos aferramos a ellas, siendo parte de un constructo colectivo. Debemos ser conscientes de que nuestras prácticas actuales también serán vistas desde una perspectiva histórica en el futuro, y estar abiertos a aprender y evolucionar. En última instancia, nuestra capacidad para adaptarnos y evolucionar es una de nuestras mayores fortalezas. El zeitgeist de cada época refleja nuestras mejores esperanzas y aspiraciones, y nuestra búsqueda constante de una humanidad más compasiva y digna.